¡Salvador Allende Vive! (#Chile, #GolpedeEstado, #Brasil, #DilmaRousseff)

 Conmemoramos el 43 aniversario del golpe de Estado en Chile con un sentido homenaje al Presidente Salvador Allende, al heroico pueblo y a leales carabineros que el 11 de septiembre de 1973, resistieron con dignidad y valentía, al lado del gobierno legítimamente electo, la cobarde y artera traición por parte de unas fuerzas armadas que hasta entonces hipócritamente, presumían de leales e institucionales. Hoy, Salvador Allende está presente, vivo y combativo, no es ícono, bandera o símbolo, es un militante revolucionario,vivo, actuante, comprometido con las causas de los pueblos de Nuestra América, vanguardia en las batallas que se libran y líder que predica con su ejemplo.

Para entender la gravedad del golpe en Chile, la injerencia norteamericana y su trascendencia antidemocrática en la región, es necesario releer el ensayo de Gabriel García Márquez “Chile, el golpe y los gringos” publicado en 2003, y de donde tomamos algunos conceptos esenciales; el propio Salvador Allende había advertido en una entrevista con la periodista italiana Rossana Rossanda: “No se juega con fuego. Si alguien cree que en Chile un golpe militar será como en otros países de América, como un simple cambio de guardia en la Moneda, se equivoca de plano. Aquí, si el ejército se sale de la legalidad habrá un baño de sangre”.

Reitero la importancia de analizar el ensayo de García Márquez, esto nos permitirá entender lo que pasó entonces y lo que pasa ahora.

Dice el Premio Nobel de Literatura refiriéndose a reuniones con Estados Unidos: “se llegó al acuerdo final de que los militares chilenos más adictos al alma y a los intereses de los Estados Unidos se tomarían el poder en caso de que la Unidad Popular ganara las elecciones. Lo planearon en frío, como una simple operación de guerra, y sin tomar en cuenta las condiciones reales de Chile.

El plan estaba elaborado desde antes, y no sólo como consecuencia de las presiones de la International Telegraph & Telephone (I.T.T), sino por razones mucho más profundas de política mundial. Su nombre era “Contingency Plan”. El organismo que la puso en marcha fue la Defense Intelligence Agency del Pentágono, pero la encargada de su ejecución fue la Naval Intelligency Agency, que centralizó y procesó los datos de las otras agencias, inclusive la CIA, bajo la dirección política superior del Consejo Nacional de Seguridad. Era normal que el proyecto se encomendara a la marina, y no al ejército, porque el golpe de Chile debía coincidir con la Operación Unitas, que son las maniobras conjuntas de unidades norteamericanas y chilenas en el Pacífico. Estas maniobras se llevaban a cabo en septiembre, el mismo mes de las elecciones y resultaba natural que hubiera en la tierra y en el cielo chilenos toda clase de aparatos de guerra y de hombres adiestrados en las artes y las ciencias de la muerte.

Por esa época, Henry Kissinger dijo en privado a un grupo de chilenos: “No me interesa ni sé nada del Sur del Mundo, desde los Pirineos hacia abajo. El Contingency Plan estaba entonces terminado hasta su último detalle, y es imposible pensar que Kissinger no estuviera al corriente de eso, y que no lo estuviera el propio presidente Nixon.

Chile es un país angosto, con 4.270 kilómetros de largo y 190 de ancho, y con 10 millones de habitantes efusivos, dos de los cuales viven en Santiago, la capital… Su ingreso per cápita, 600 dólares, es de los más elevados de América Latina, pero casi la mitad del producto nacional bruto se lo reparten solamente 300.000 personas. En 1932, Chile fue la primera república socialista del continente, y se intentó la nacionalización del cobre y el carbón con el apoyo entusiasta de los trabajadores, pero la experiencia sólo duró 13 días…”.

Adelante dice García Márquez: “Todo esto debía saberlo Kissinger cuando contestó que no sabía nada del sur del mundo, porque el gobierno de los Estados Unidos conocía entonces hasta los pensamientos más recónditos de los chilenos. Los había averiguado en 1965, sin permiso de Chile, en una inconcebible operación de espionaje social y político: el Plan Camelot. Fue una investigación subrepticia mediante cuestionarios muy precisos, sometidos a todos los niveles sociales, a todas las profesiones y oficios, hasta en los últimos rincones del país, para establecer de un modo científico el grado de desarrollo político y las tendencias sociales de los chilenos. En el cuestionario que se destinó a los cuarteles, figuraba la pregunta que cinco años después volvieron a oír los militares chilenos en la cena de Washington: “¿Cuál será la actitud en caso de que el comunismo llegue al poder? – La pregunta era capciosa. Después de la operación Camelot, los Estados Unidos sabían a cierta que Salvador Allende sería elegido presidente de la república.

Chile no fue escogido por casualidad para este escrutinio. La antigüedad y la fuerza de su movimiento popular, la tenacidad y la inteligencia de sus dirigentes, y las propias condiciones económicas y sociales del país permitían vislumbrar su destino. El análisis de la operación Camelot lo confirmó: Chile iba a ser la segunda república socialista del continente después de Cuba. De modo que el propósito de los Estados Unidos no era simplemente impedir el gobierno de Salvador Allende para preservar las inversiones norteamericanas. El propósito grande era repetir la experiencia más atroz y fructífera que ha hecho jamás el imperialismo en América Latina: Brasil.

El 4 de septiembre de 1970, como estaba previsto, el médico socialista y masón Salvador Allende fue elegido presidente de la república. Sin embargo, el Contingency Plan no se puso en práctica. La explicación más corriente es también la más divertida: alguien se equivocó en el Pentágono, y solicitó 200 visas para un supuesto orfeón naval que en realidad estaba compuesto por especialistas en derrocar gobiernos, y entre ellos varios almirantes que ni siquiera sabían cantar. El gobierno chileno descubrió la maniobra y negó las visas. Este percance, se supone, determinó el aplazamiento de la aventura.

Pero la verdad es que el proyecto había sido evaluado a fondo: otras agencias norteamericanas, en especial la CIA y el propio embajador de los Estados Unidos en Chile, Edward Korry, consideraron que el Contingency Plan era sólo una operación militar que no tomaba en cuenta las condiciones actuales de Chile.

En efecto, el triunfo de la Unidad Popular no ocasionó el pánico social que esperaba el Pentágono. Al contrario, la independencia del nuevo gobierno en política internacional, y su decisión en materia económica, crearon de inmediato un ambiente de fiesta social. En el curso del primer año se habían nacionalizado 47 empresas industriales, y más de la mitad del sistema de créditos. La reforma agraria expropió e incorporó a la propiedad social 2.400.000 hectáreas de tierras activas. El proceso inflacionario se moderó: se consiguió el pleno empleo y los salarios tuvieron un aumento efectivo de un 40 por ciento.

El gobierno anterior, presidido por el demócrata cristiano Eduardo Frei, había iniciado un proceso de chilenización del cobre. Lo único que hizo fue comprar el 51 por ciento de las minas, y sólo por la mina de El Teniente pagó una suma superior al precio total de la empresa. La Unidad Popular recuperó para la nación con un solo acto legal todos los yacimientos de cobre explotados por las filiales de compañías norteamericanas, la Anaconda y la Kennecott. Sin indemnización: el gobierno calculaba que las dos compañías habían hecho en 15 años una ganancia excesiva de 80.000 millones de dólares.

La pequeña burguesía y los estratos sociales intermedios, dos grandes fuerzas que hubieran podido respaldar un golpe militar en aquél momento, empezaban a disfrutar de ventajas imprevistas, y no a expensas del proletariado, como había ocurrido siempre, sino a expensas de la oligarquía financiera y el capital extranjero. Las fuerzas armadas, como grupo social, tienen la misma edad, el mismo origen y las mismas ambiciones de la clase media y no tenían motivo, ni siquiera una coartada, para respaldar a un grupo exiguo de oficiales golpistas. Consciente de esa realidad, la Democracia Cristiana no solo no patrocinó entonces la conspiración de cuartel, sino que se opuso resueltamente porque la sabía impopular dentro de su propia clientela.

Su objetivo era otro: perjudicar por cualquier medio la buena salud del gobierno para ganarse las dos terceras partes del Congreso en las elecciones de marzo de 1973. Con esa proporción podía decidir la destitución constitucional del presidente de la república.

La Democracia Cristiana era una grande formación inter-clasista, con una base popular auténtica en el proletariado de la industria moderna, en la pequeña y media industria moderna, en la pequeña y media propiedad campesina, y en la burguesía y la clase media de las ciudades. La Unidad Popular expresaba al proletariado obrero menos favorecido, al proletariado agrícola, a la baja clase media de las ciudades.

La Democracia Cristiana, aliada con el Partido Nacional de extrema derecha, controlaba el Congreso. La Unidad Popular controlaba el poder ejecutivo. La polarización de esas dos fuerzas iba a ser, de hecho, la polarización del país. Curiosamente, el católico Eduardo Frei, que no cree en el marxismo, fue quien aprovechó mejor la lucha de clases, quien la estimuló y exacerbó; con el propósito de sacar de quicio al gobierno y precipitar al país por la pendiente de la desmoralización y el desastre económico.

El bloqueo económico de los Estados Unidos por la expropiaciones sin indemnización y el sabotaje interno de la burguesía hicieron el resto… En vísperas de las elecciones de marzo de 1973, en las cuales se jugaba su destino, se hubiera conformado con que la Unidad Popular obtuviera el 36 por ciento. Sin embargo, a pesar de la inflación desbocada, del racionamiento feroz, del concierto de olla de las cacerolinas alborotadas, obtuvo el 44 por ciento”.

Esto detonó el cruento golpe militar que acabó con la vida del Compañero Presidente Salvador Allende, con el gobierno de la Unidad Popular, con la democracia, con el brutal asesinato de quienes se opusieron, cárcel y destierro para miles de chilenos.

No es casualidad ni coincidencia que lo que está sucediendo ahora en Brasil y Venezuela, antes en Honduras y Paraguay, tenga similitudes con los hechos que analiza Gabriel García Márquez, “cambió la estrategia, no el objetivo”

Las condiciones son diferentes, el fin de Estados Unidos, las oligarquías y las derechas son tener gobiernos títeres que sirvan a sus intereses y para ello idearon lo que ellos denominan “golpes blandos” o “golpes suaves” lo que es un eufemismo, ya que los efectos de un Golpe de Estado, son idénticos, un grupo de poder violentan la legalidad democrática y las instituciones para hacerse ilegítimamente del gobierno, así se disfrace de “legalidad” como es el caso de los golpes parlamentarios amañados que intentan justificar mediante mentiras y engaños lo que es sin dudas un golpe de Estado, e imponer por la fuerza medidas contrarias al interés popular.

Esta modalidad, de golpe de Estado parlamentario, por el cual 61 senadores depusieron a la Presidenta Dilma Rousseff que fue electa con el voto de 54 millones de brasileños,comenzó a gestarse en 2015, bajo la figura de juicio político, instrumentado por Eduardo Cuhna, entonces presidente de la Cámara de Diputadosy la traición del vicepresidente Temer, en una medida para hacerse del poder.

“Cuando una presidenta electa es juzgada bajo la acusación de un crimen que no cometió, el nombre que se le da a eso en el mundo democrático no es impeachment, es golpe”, señaló la Presidenta Dilma Russeff.

Durante su defensa del 12 de mayo, cuando el Senado aprobó el impeachment, José Eduardo Cardozo abogado general de la República resaltó: “Se está cometiendo una injusticia histórica en la que procedimientos como el derecho de defensa son usados para dar legitimidad a un proceso que viola la Constitución”.

Hemos seguido de cerca este indignante y amañado proceso, en el que no pudo probarse, porque no existe, ningún delito de corrupción por parte de la presidenta Dilma Rousseff. Este artero golpe es la culminación de la traición del vicepresidente Michel Temer, este sí, involucrado en actos de corrupción denunciados “por los papeles de Panamá”.

Como se ha denunciado públicamente muchos de los senadores que han consumado este atentado que remueve en forma inmoral e ilegítima a la presidenta, están vinculados en hechos de corrupción e investigados por negocios dudosos en Petrobras.

Durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores, con Luiz Inacio Lula Da Silva y posteriormente Dilma Rousseff, se tuvo importantes logros en favor de la justicia social, como sucedió en el Gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende.

En Brasil, con programas como “bolsa Familia” “Más médicos” “Mi casa-mi vida” y “Hambre cero” que cambiaron la vida de decenas de millones de brasileños. El logro principal es haber sacado de la pobreza a más de 40 millones de brasileños.

Es evidente que lo que ocurre en Brasil es parte de la contraofensiva reaccionaria de la oligarquía, no sólo contra el pueblo y gobierno brasileño,las acciones desestabilizadoras apoyadas por los medios oligopólicos de comunicación, afectanseriamente a los pueblos, movimientos, partidos, gobiernos revolucionarios y progresistas de América Latina y el Caribe y pone en riesgo la estabilidad y la paz social en esta región.

Honrar, honra. La mejor manera de conmemorar el golpe de Estado de hace 43 años en Chile, y honrar a Salvador Allende, es luchando por mantener unida a Nuestra América el sueño Bolivariano y Martiano de integración continúa vigente.

En la madrugada del 11 de septiembre las Fuerzas Armadas toman la ciudad de Santiago. El subdirector de Carabineros, General Jorge Urrutia, es avisado desde Valparaíso que la infantería de Marina está en las calles y ha empezado a tomar posiciones de combate. Urrutia telefonea al Presidente, quien se encuentra en su residencia de Tomás Moro. Allende, calmado, pide ubicar a Pinochet y a Leigh, pero están inubicables. A las 7.15 horas Allende, en su automóvil Fiat 125, y el GAP se enfilan hacia la Moneda, llegan veinte minutos después…Comienza así la último día en la vida del Mandatario.

Allende viste una chaqueta y un pantalón marengo. Carga con un fusil AK-47 Kalashnikov, regalo de Fidel Castro, y el GAP ingresa al palacio de gobierno dos ametralladoras y tres RPG-7, además de sus armas personales…Allende trata de obtener información sobre el movimiento, al no poder contactar a Pinochet exclama, “Pobre Pinochet, debe estar preso”.

Paralelamente llega a esas horas Pinochet al comando de telecomunicaciones, en Peñalolén, con capacidad de anular las comunicaciones de algunas emisoras de radio. En el lugar se organizan las redes de comunicaciones con las demás ramas de las Fuerzas Armadas, especialmente con Leigh y con Patricio Carvajal, que será el coordinador de todo el golpe.

A las 10.30 los tanques abren fuego contra la Moneda, les siguen las tanquetas y los soldados, fuego que es respondido por los miembros del GAP y francotiradores apostados en los edificios aledaños.

El ataque prosigue al palacio de gobierno con el uso de gases lacrimógenos, pero al ver que La Moneda todavía se negaba a rendirse, el general Javier Palacios decide tomarla y envía a un grupo de soldados a derribar la puerta del palacio, son las dos y media de la tarde. Dentro le gritan a Allende: ¡Presidente!, ¡el primer piso está tomado por los militares! ¡dicen que deben bajar y rendirse!.

Entonces, según el testimonio de uno de sus doctores, Patricio Guijón, Allende grita ¡Allende no se rinde, milicos de mierda! y con el fusil AK-47 que le había regalado Fidel Castro se dispara en la barbilla….

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