Benny sigue siendo Benny en Puerto Rico, Venezuela, Estados Unidos y México, en Co­lombia, Panamá. En Cuba, ya se sabe, es un cantor vivo.

Todo lo que recuerda a Benny vive en esa voz que entraba y salía como un relámpago o una clarinada de su enorme talento, capaz de armar un tinglado sonoro irrepetible con su banda gigante

Foto: Archivo

Cada vez estoy más convencido de que la última imagen de Benny Moré no es la de la noche del 19 de febrero de 1963, con el hígado destrozado en una cama del Hospital de Emergencias de La Ha­bana y un pueblo afuera a la espera de un milagro.

“Los dioses mueren jóvenes”, sentenció Nico­lás Guillén al comentar el suceso. Otro poeta, Ro­berto Fernández Retamar, intuyó tempranamente lo que en realidad iba a pasar: “Así que esta voz vive más que su hombre, y que ese hombre es ahora discos, retratos, lágrimas, un sombrero con alas voladoras enormes…”.

En efecto, la voz es la imagen, la que sigue so­nando y alimentando pasiones y desdichas, días de gozo y penumbras; sones, boleros, mambos y guarachas que nadie podrá decir jamás co­mo él.

Las ciudades de Cuba, con Santa Isabel de las Lajas a la cabeza, los conucos de tierra adentro, la playa de Varadero, las pistas de baile, las victrolas, el amor fugaz en la intemperie, todo lo que recuerda a Benny vive en esa voz que entraba y salía como un relámpago o una clarinada de su enorme talento, capaz de armar un tinglado sonoro irrepetible con su banda gigante.

Hay que acabar de una vez por todas con la leyenda de que Benny no sabía música, que era un genio espontáneo.

Leonardo Acosta, a quien por estos días se dedica la Feria Internacional del Libro Cuba 2015 por su extraordinaria obra literaria, to­có en esa banda y esa experiencia lo avala para desmentir el supuesto analfabetismo musical de Ben­ny: “Una vez la sección de saxos, durante un baile —recuerda Leonardo—, fue a entrar en un mon­tuno, o mejor dicho, en un mambo después de una improvisación de Benny. Toda acción tiene que guiarse por el primo o lead, que teóricamente nun­ca se equivoca. Pero todo el mundo es falible, y en­tramos donde no era, lo cual significaba montarnos con el ritmo, pero Benny nos aguantó a tiempo y el público ni se dio cuenta. Nos dijo: ‘¡Cuidado! No en­tren si yo no mando a entrar’. Y en efecto nunca fallaba. Cuando él marcaba, era ahí mismo donde había que entrar, y en ninguna otra parte”.

El destacado musicólogo Jesús Gómez Cairo ha desarrollado con suficientes y contundentes ar­gumentos la tesis de cómo Benny pensó y llevó a término una concepción musical al margen de la nor­ma académica, a base de autenticidad e in­ge­nio.

Benny sigue siendo Benny en Puerto Rico y Venezuela, en Estados Unidos y México, en Co­lombia y Panamá, en muchas partes del mundo. En Cuba, ya se sabe. Es un cantor vivo.

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